El hábitat del maestro Hugo Figueroa Brett: Lienzo y poesía
Para las personas que hemos podido entrevistar al reconocido pintor venezolano, Hugo Figueroa Brett sabemos que no es tarea fácil. Sin embargo, esta charla se logró en lo más íntimo de su hogar y de su familia. El maestro confió sus sentimientos y talento al equipo de Noticia al Día en una entrevista exclusiva.
Lo conoces cuando lo tienes enfrente; más aún cuando te pega dos gritos por no hablar despacio. ¿Hablas español? Me preguntó al terminar de presentarme… “Entonces háblalo. Hable despacio” . Con este regaño bastó para que me irguiera en la silla y comenzara a hablar de nuevo.
Me costó tres horas y media de espera en la sala de su casa para tener la suerte de finalmente entrar a conocerlo. Mientras, charlé amenamente con su hijo Samuel, el octavo de sus once hijos. “Papá siempre ha sido así. Para mÍ es la persona más brillante y completa que jamás he conocido”. Me adelantó su hijo, quien aseguró que los once hijos se mantienen en contacto y pendiente de su padre.
“Ese vínculo tan bonito que tenemos todos, lo hizo papá”, expresó orgullosamente Samuel, quien asegura que heredó el gusto por la cocina de su padre. “Yo soy el hijo chef, los artistas son los demás”, confesó entre risas. Debido a esto, Samuel es quien prepara el menú de su padre, quien por su estado de salud, requiere una dieta estricta.
Samuel, hijo chef de Hugo
Mientras escucho las anécdotas de Samuel, quien recordó las visitas de artistas en su casa y a su padre, cantando y cocinando para todos; se asomó una mujer de cabellera negra detrás de él. Un poco tímida se acercó a saludar. “Hola, soy Kafka”, dijo en un intento por no parecer nerviosa. “Es mi hermana”, expresó Samuel, “la sexta”. Kafka había llegado horas antes de Caracas para visitar a la familia. Llegó acompañada por la menor de sus hijos, Claudia.
Detrás de nosotros estaba, según el mismo Hugo, lo más importante de la casa, la mesa de madera en la que pintó muchos de sus cuadros, cubierta de pequeñas hojas que caen del “árbol de Yokonda”, denominado así porque fue sembrado por Yokonda, la segunda de sus hijas. Es poco el techo que cubre la casa, la mitad de la sala queda descubierta al sol y brisa. Construida así por una importante razón. Escuchar a sus hijos desde cualquier lugar de la casa.
El señor Armando, se paseaba cerca de donde conversaba con Samuel. Armaba cuadros y martillaba madera… “Tengo 50 años trabajando con el señor Hugo”, confesó al preguntarle. Pues es Armando, quien le hace los marcos de madera a cada pintura. “Para la reciente exposición hice 74 marcos. Todos de diferentes tamaños” agregó.

Samuel comentó que su padre no sólo pinta y escribe, sino que también le gusta mucho cocinar y cantar. Además de ser el diseñador del Fein Kaffee, el taller de Paco Hung y la casa de Astrid Schaffer, diseñó todas las casas en las que ha vivido.
Al poco tiempo llegó María, una señora de ascendencia wayuú quien ha trabajado limpiando la casa por más de 30 años. “Yo con papá Hugo no quiero nada” confesó la también madre de dos hijas que ayudan con las labores en aquella casa. “Lo baño, lo atiendo. Lo cuido mucho”, comentó María.
Ya en compañía del maestro Figueroa Brett, este expresó que no cree en país, ni en patria, ni en política. “Creo en el deber de cada quien”.

A pesar de los años y de su irreverente carácter, el maestro Hugo se enorgullece de sus hijos y de sus talentos. Comentó que su hijo menor Antonín, es quien heredó el arte y la pintura. Mientras que su hijo Samuel, es un gran poeta. “Extraordinario poeta”, compartió.
Posteriormente, agradeció el gesto de la visita. Invitó a asistir a sus exposiciones porque son el claro sentimiento de lo que piensa y siente. “Tengo siempre el afán de hacer algo. Si lo hago bien, tengo que hacerlo” compartió.
Aquella casa refleja la mente de un artista inquieto, sentimental y apasionado. Rostros, figuras y estados de ánimo brillan en la mayoría de las obras que ha realizado a lo largo de su vida. Para despedirnos nos leyó un poema de uno de sus libros. En aquel poema divaga en el regalo que se le puede dar a un amigo. En él, Figueroa alega que no hay regalo material suficiente para un amigo, es por ello, que ofrece regalarle lo más preciado para él, uno de sus hijos.

Freydalí Pimentel
Fotos: Mysol Fuentes

Comentarios
Publicar un comentario